¿MERCADO LIBRE O LIBERTINAJE?

¿MERCADO LIBRE O LIBERTINAJE?

La especulación con el oxígeno y los excesos de las clínicas particulares no tuvieron reparos en cobrar casi medio millón de soles a los afectados por el coronavirus.
MARCADO LIBRE O LIBERTINAJE

Escribe: Herberth Castro Infantas

Luego de las barbaridades que se han cometido últimamente en nombre del mercado libre, como la subida abusiva de los medicamentos, la especulación con el oxígeno y los excesos de las clínicas particulares que no tuvieron reparos en cobrar casi medio millón de soles a los afectados por el coronavirus, la teoría económica del mercado libre defendida a capa y espada por acérrimos críticos, ha sido desnudada y herida de muerte por la pandemia.

En nombre de ese libre mercado los bancos cobran intereses que superqan el 130%, colocando el dinero que le da el gobierno a través del Banco Central de Reserva, a una tasa que no llega ni al 1%. ¿Eso es libre mercado?
Esas mafias que defienden el mercado libre a rajatabla, son las mismas que están de acuerdo con la forma de trabajo de las AFP que ni el mismo Chile funciona y por eso está en proceso de una reforma. Aquí somos más papistas que el Papa. Y, en algunos, casos masoquistas, porque permitimos que nos agredan sin protestar. No importa que las AFP nos esquilmen a través de las comisiones. ¡Eso es libre mercado!
Olvidan que Libre Mercado, es el sistema en el cual el precio de los bienes es acordado entre los vendedores y los compradores, mediante las leyes de la oferta y la demanda.
Pero, el mercado libre presupone de condiciones económicas esenciales, como es una libre competencia, en la cual no hay restricciones para la libre entrada y salida de empresas, y donde prima la soberanía del consumidor.
De manera que, de un lado está el productor y al otro el consumidor. Ambos, productor y consumidor resuelven sus necesidades de intercambio de bienes y servicios en plena libertad.
En nuestro país no sucede esto. Los medicamentos prácticamente están en manos de unos pocos que, unilateralmente, fijan precios como les viene en gana. No hay competencia. Se ha malinterpretado pues el significado del mercado libre.
El coronavirus, al menos en nuestro país, se ha encargado de revelar que el mercado libre no sirve para otra cosa que no sea para satisfacer los apetitos mercantilistas de los más poderosos que hicieron de la pandemia un negocio redondo, sin tomar en cuenta que vivimos en una emergencia sanitaria letal. El estado de emergencia tiene sus propias reglas y el gobierno puede intervenir, si es necesario.
Las clínicas son la muestra más vergonzosa de este mercado libre mal entendido , cobrando cantidades confiscatorias a los pacientes que ingresaban a sus instalaciones y eran devorados por propietarios insaciables. Muchos lo perdieron todo, su casa, su carro y sus ahorros, en su desesperación por salvar la vida de sus familiares afectados por el covid-19. Y, en algunos casos, ese inmenso gasto no sirvió para nada porque los pacientes murieron, sin embargo tuvieron que pagar por los servicios o fueron obligados a quedarse con una inmensa deuda, imposible de saldar.
Otra muestra abusiva de este equivocado y tergiversado mercado libre fue el cobro excesivo de las farmacias por la venta de medicamentos indispensables para salvar la vida de quienes habían sido infectados por el virus chino. Farmacias que, de no haber sido el periodismo, seguirían haciendo de las suyas porque, como están en pocas manos, constituyen casi un monopolio, con la complacencia del gobierno.
Aunque un poco tarde, pero me satisface que el Secretario General de las Naciones Unidas recién se haya dado cuenta que el mercado libre ya no funciona, ya es obsoleta, no se adecúa a nuestros tiempos. Guterrez ha dicho “la pandemia evidenció las “mentiras” como que “el mercado libre puede proveer de cuidados médicos a todos” o “el mito de que todos estamos en el mismo barco”.
“La covid-19 puso de relieve” estas “injusticias”, golpeando en primer lugar a “los más vulnerables”, subrayó. Luego concluyó “Todos estamos en el mismo mar, pero algunos están en súper yates, mientras que otros se aferran a escombros flotantes”, dijo, recordando que 26 de las personas más ricas del planeta poseen tanta riqueza como la mitad de la población.
El secretario general de la ONU pidió a los líderes que construyan” un mundo más igualitario y más sostenible”.
Me alegra que algunos se vayan sacando las vendas, que se estén sacudiendo de teorías que no son más que un pretexto para enriquecerse a costa de la pobreza de los más.
Deberían saber estos expertos economistas que el mundo evoluciona. No se puede soportar más. Este libre mercado, de la manera que se da en nuestro país no funciona ni en los EEUU, donde los controles son duros y pobre de aquel infeliz que quiera salirse de la norma, se va a la cárcel.
En Canadá, me consta, se cuenta con uno de los mejores servicios de transporte público del mundo, manejado y subsidiado por el estado. El servicio de su metro es excelente y los buses del mismo modo funcionan con la puntualidad de un reloj suizo. Es tan exacta la hora que los pasajeros saben a través de su celular, al minuto, el paso de los buses. Si hubiera mercado libre en el transporte sería un caos, como sucede en nuestro país.
Los habitantes de Montreal y el resto de ciudades no pagan por el servicio de agua potable y es una de las más puras del mundo. La gasolina es barata y todos los servicios médicos en los hospitales son gratuitos y a todo lujo, equipados con los últimos adelantos, la limpieza de las salas, el traslado y lavado de las prendas de vestir y de cama y otros servicios están robotizados.
¿Saben por qué en nuestro país no es igual? Porque los seguidores del libre mercado no lo permiten, claro, les conviene que esos servicios públicos sean una calamidad, si fueran eficientes, no tendrían los negocios que tienen ahora.
Y así de mal se quedarán estos servicios públicos mientras haya gobiernos que piensen más en favorecer a estos grupos de poder que a la sociedad en su conjunto.
La mayoría, si no es la totalidad de médicos que trabajan en el estado, también trabajan en clínicas privadas. Se ha dado el caso que muchos de ellos que tienen más de 65 años, pidieron permiso en los hospitales del estado y siguieron trabajando en las clínicas particulares.
Son los grupos de poder que no quieren que los servicios públicos sean óptimos, sino todo lo contrario, para sacar pingues ganancias en sus clínicas privadas.
Una de las cosas que me sorprendió en mi viaje a Japón fue la predisposición de las autoridades. El Estado japonés no aprueba ningún proyecto, ninguna inversión que no esté al servicio del hombre y que sea de utilidad a la ciudadanía. No se hacen obras por hacer, sino meditadas y bien estudiadas y siempre pensando en el hombre y no únicamente en la rentabilidad.
El estado promueve la fabricación de autos eléctricos y a hidrógeno, para no depender del petróleo. El gobierno promueve la robótica, no para quitarles el trabajo a los humanos, sino para cuidar su salud y evitar que se infecten los trabajadores de salud.
Los japoneses se parecen mucho a los incas, adoran al medio ambiente, los cerros están muy bien cuidados y arborizados y, sobre todo, los ríos son respetados con suma devoción. Cuidan el agua como a la niña de sus ojos. No he visto un solo río turbio, contaminado o lleno de basura, todos discurren cristalinos.
A los niños desde el nivel inicial se les enseña a cultivar plantas y respetar a los ancianos porque son la reserva sabia de su nación, En las escuelas no hay personal de servicio, los alumnos hacen la limpieza de sus aulas y de los servicios que utilizan. Aquí, en nuestro orgulloso Perú, seguramente que los padres de familia enjuiciarían al director y el congreso interpelaría al Ministro.
En cualquier país desarrollado las normas se cumplen, en nuestro orgulloso país las normas se eluden, se cabrean porque somos muy machos. Por eso somos defensores del mercado libre a rajatabla, no queremos que nadie se meta con nosotros, menos el estado. Por eso, cuando salimos a esos países adelantados nos cuesta portarnos como angelitos porque sabemos que no nos permitirán que arrojemos basura en las calles, menos en los ríos, porque si cometemos una infracción de tránsito no podremos coimear al policía y nos clavarán una multa que nos hará perder hasta los zapatos, y si cometemos algún delito el juez incorruptible nos enviará a la cárcel.
En nuestro país, todo esto cambiará solo cuando entendamos que el mercado libre, no es libertinaje, sino el respeto a las normas de convivencia.

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